No toda relación merece una segunda oportunidad
- Leonardo García

- 15 ene
- 2 Min. de lectura

Cuando una relación termina, muchas personas se preguntan si vale la pena volver a intentarlo. Las segundas oportunidades suenan románticas, casi como si el amor lo pudiera todo. Pero la realidad es mucho más compleja: no todas las relaciones funcionan solo porque hay cariño o nostalgia.
Una de las razones más comunes por las que mucha gente decide volver con su ex es simple nostalgia. Con el paso del tiempo, tendemos a recordar más los momentos buenos que los malos, y eso puede hacernos idealizar algo que en su momento nos hacía sentir mal. Eso puede llevar a decisiones impulsivas que no siempre resultan bien.
Expertos en relaciones coinciden en que el principal factor para decidir si una segunda oportunidad tiene sentido es si realmente cambiaron las cosas que llevaron a la ruptura.
Si la relación terminó por problemas serios como falta de respeto, comunicación deficiente o patrones repetitivos de conflicto y esas mismas cosas siguen presentes, entonces darle otra oportunidad probablemente no solucione nada.
Hay situaciones donde el regreso puede estar basado en miedo a estar solo o en la idea de que “todas las personas fallan”, pero eso no significa que la relación sea saludable.
La psicóloga Silvia Llop menciona en una entrevista para el medio ABC que una segunda oportunidad solo tiene sentido si ambas personas han trabajado en sí mismas y han demostrado un verdadero cambio, no solo si dicen que “quieren intentarlo otra vez”.
Cuando la confianza se rompe, por mentiras, engaños o traiciones, reconstruirla no es fácil. Algunas parejas pueden lograrlo con ayuda profesional, reflexión profunda y compromiso real. Pero seamos sinceros, nadie en la prepa va a terapia de parejas.
Muchas veces, volver con alguien que no ha afrontado sus errores de forma sincera solo repite el mismo ciclo de dolor. Aunque exista amor, eso no siempre basta para que funcione.
Dar segundas oportunidades no debe ser una decisión impulsiva ni un acto de desesperación. Las relaciones que merecen otra oportunidad son aquellas en las que hay respeto, crecimiento real, y comunicación sincera. Si esos elementos no están, quizá lo más sano sea seguir adelante y aprender de lo vivido.




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