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Lo malo de reprimir el dolor emocional

  • Foto del escritor: Leonardo García
    Leonardo García
  • 14 jul 2025
  • 2 Min. de lectura

Esto se escuchará raro, pero, a veces, el dolor no duele. Aunque no lo creas, sí es posible tener el corazón roto y no darse cuenta. Esto sucede cuando las emociones se apagan, se esconden o se reprimen para que podamos seguir adelante, sin que nadie sepa lo que sufrimos por dentro.


La psicóloga Susan David, experta en emociones y autora del libro Emotional Agility, explica que muchas personas aprenden a callar sus sentimientos para no incomodar, para ser “fuertes” o simplemente para funcionar en un mundo que exige ser positivo siempre.


Esta idea, dice la autora, se conoce como la “tiranía de la positividad” y la califica como la presión social de mostrar solo emociones buenas, felices y exitosas, y ocultar la tristeza, el enojo y el miedo. Aquí puedes ver una Ted Talk en donde amplia más en estas ideas.


Cuando esto sucede, el dolor no desaparece. Lo que en realidad pasa es que el sufrimiento se vuelve silencioso, invisible, escondido en una parte profunda que no se permite expresar. Y mientras se reprime, puede crecer sin que nos demos cuenta.


Por eso, es común que alguien siga con su rutina diaria, con su sonrisa, con sus calificaciones o su trabajo, mientras por dentro está sufriendo.


Lo peor es que sucede muy seguido. Varios de nuestros compañeros de la prepa, incluidas las personas que son nuestros amigos más cercanos o hasta nuestra pareja, pueden estar pasando por esto y ni nos damos cuenta.


Cuando les preguntamos cómo están, lo más seguro es que respondan “Estoy bien”, y les creemos porque aprenden a fingir que no pasa nada para evitar que otros se preocupen o por pena y para no sentirse débiles. Sin embargo, ese dolor existe, aunque no lo vean ni lo sientan claramente.


La buena noticia es que ese silencio emocional no dura para siempre. Puede llegar un momento en que el dolor “desaparece” o ya no duele, pero en realidad lo que sucede es que la persona se ha desconectado de ese sentimiento.


A veces se siente un vacío, una frialdad, o simplemente una sensación de “nada”. Es ahí cuando se puede entender que el corazón estuvo roto desde antes, aunque no se notara.


Los psicólogos explican que cuando ignoramos o reprimimos una emoción, esta no se va, sino que se hace más fuerte con el tiempo.


Aprender a nombrar con precisión lo que sentimos es fundamental para superarlo. No es lo mismo decir “estoy estresado” a reconocer que "estoy sufriendo por x o y cosa".


Poner palabras a nuestras emociones nos ayuda a entender qué está pasando dentro y a comenzar a buscar formas saludables de enfrentar ese dolor.


Aceptar el dolor es parte del proceso para sanar y crecer. La vida no es solo felicidad: el sufrimiento, la tristeza, el enojo y la incertidumbre son experiencias naturales y necesarias.


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